Uno de los placeres de la mesa es ciertamente la degustación de un buen vino que acompañe el manjar, y una manera de guardar un recuerdo físico del momento es conservando el corcho de la botella. Hay quienes los juntan en un tarro; el artista Scott Gundersen supo darles un uso de lo más original, convirtiéndolos en los “píxeles” de sus retratos. El corcho, que se obtiene de la corteza de un árbol (el alcornoque), es un material ligero e impermeable y un excelente aislante térmico, una propiedad idónea para usarlo por ejemplo como salvamantel.

Bakus, diseñado por Tati Guimarães y Nikoline Arns, nace del deseo de conservar una traza de aquellos momentos únicos compartidos con amigos, familiares o esa persona especial, y de la manera de pensar de Ciclus: reducir, reciclar y reusar. Ciclus es un estudio que basa su filosofía en el ecodiseño, es decir desarrollar productos en base a objetos preexistentes, bien reciclándolos, bien dándole un nuevo uso. Este salvamantel es una clara e ingeniosa muestra de ello, que además requiere de la participación del usuario para su elaboración final: el producto en sí es una placa de acero inoxidable de aproximadamente 20x20cms, con bordes de 1,5cms y en su interior, 36 pinchos recortados en la base y levantados a 90º que sirven para fijar los futuros corchos de botella. El componente DIY (Do It Yourself, “Hazlo Tu Mismo”) del producto lo convierte en una pieza única y personal.

Cuando adquirí Bakus en la tienda online de Ciclus (cuesta 36€ o sea unos US$50), decidí que conformaría una recopilación de recuerdos de cenas en mi casa: una elaboración que requiere su tiempo pero viene asociada a un contexto de momentos personales y especiales. Una sugerencia: puedes apuntar en la base antes de colocar el corcho, la fecha y ocasión en la que se descorchó aquella buena botella de vino y con quien la compartiste.

¿Qué te parece este diseño? ¿Te harías con un Bakus o se lo regalarías a alguien?

Fuente: Vivir México



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Los vecinos de la ciudad uruguaya de Ecilda Paullier elaboraron un queso provolone de tres metros de largo con el objetivo de promocionar esa zona, una de las mejores del país para la producción lechera, e ingresar en el Libro Guinness de los récords, confirmaron hoy fuentes de la organización.

La obra fue presentada durante la Fiesta del Queso de Ecilda Paullier que se celebra este fin de semana en esa localidad del departamento de San José, a unos 130 kilómetros de Montevideo.
El queso provolone considerado el más largo del mundo, de 2,97 metros de largo por 12 centímetros de diámetro y 35 kilogramos de peso, fue elaborado en el establecimiento de Alberto O'Brien, uno de los más reconocidos y tradicionales de la zona por la calidad de sus productos lácteos.
Según los datos de los organizadores, hasta ahora el provolone más largo fue confeccionado en un establecimiento lechero familiar del estado de estadounidense de Wisconsin y tuvo un metro de largo.
La Fiesta del Queso es organizada anualmente por la coordinadora Fuerza, Unión y Trabajo de Ecilda Paullier que agrupa a la mayoría de los productores lácteos de la zona.
Los organizadores documentaron los pasos seguidos para la elaboración del queso, que demandó 350 litros de leche y la confección de piletas de tamaño especial para curarlo, y enviarán su solicitud a la Organización Mundial del Guinness a la espera del reconocimiento.
El queso provolone, que tiene la particularidad de fundirse, es utilizado por los uruguayos para acompañar distintos tipos de carne cocida a las brasas en sus tradicionales parrillas.

Fuente: A traves de venezuela

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