El cubano Pedro Tejeda, de la emblemática La Bodeguita del Medio, se alzó con el título de mejor Habanosommelier 2013 en una reñida competencia donde ocupó el segundo lugar el venezolano José Gregorio Pereira y el tercero el inglés Peter Dobrontei.

Curiosamente Pedro Tejeda es esposo de la también Campeona Mundial Habanosommelier Zudlay Nápoles, una de las primeras mujeres en lograr este título, que destaca los conocimientos en el mundo del Habano, así como la habilidad  para su servicio, al sugerir el tabaco correcto con la bebida que mejor puede acompañarlo.

Esta reñida competencia, que cada año gana más adeptos, se celebra primero entre los diferentes distribuidores de Habanos a nivel mundial, los cuales escogen a su representante, el cual viaja a La Habana durante el Festival del Habano, en el cual se celebra la competencia.

Este año los particpantes en el Habanosommelier 2013 fueron el ya ganador Pedro Tejeda, de la famosa Bodeguita del Medio, que sorprendió al jurado en la fase preliminar con su propuesta de maridar chocolate amargo cubano con un ron Legendario 15 años y un Romeo y Julieta Wide Churchills.

Tambien estuvieron el venezolano José Gregorio Pereira; Peter Dobrontei, de Reino Unido; el español Francisco Javier Marín; el italiano Marco Tonelli, el francés Fabrice Sommier ; Dejan Gjorgjiev de Emiratos Árabes Unidos y el ruso Dmitry Drutsa.


La Competencia

La competencia Habanosommelier, que desde el año 2002 organiza Habanos S.A. dentro del prestigioso Festival del Habano, es el momento cumbre para que los expertos en la materia demuestren sus conocimientos sobre las propiedades de los Habanos, sus formatos, vitolas, fortalezas y características de sabor, así como sus posibilidades de combinación y maridaje con las bebidas y alimentos que un cliente fumador pueda desear.

Este certamen, cuyas preliminares organizan en los cinco continentes los Distribuidores Exclusivos de Habanos, consta de dos fases: una primera teórica y escrita que selecciona a los mejores candidatos; y una segunda fase práctica, en la que el finalista expone a un jurado su conocimiento y recomendaciones de Habanos y sus maridajes con espirituosos, así como las habilidades en el servicio del puro.

Esta misma secuencia se sigue en el Concurso Internacional, donde Cuba, tierra del Habano, ha sido hasta el momento la máxima ganadora, con tres primeros lugares.

Fuente: Habanos News











Más allá del mero placer de fumar, degustar un habano es todo un rito que atrapa con encanto misterioso a neófitos e iniciados en el exquisito mundo gourmet

Un buen Habano no revela sus secretos a cualquiera. Se precisa aguzar los sentidos, disponer el ánimo y dejarse llevar por el secreto encanto de cualquier vitola, ya sea un conocido Cohiba, un Montecristo o un Romeo y Julieta.

Nacido de las creencias en el más allá de los aborígenes caribeños, especialmente los cubanos, el cultivo y procesamiento del tabaco es toda una tradición transmitida de generación en generación, como lo es muchas veces el arte de degustarlo.

En la «buena quema» de un Habano, como dicen en el argot popular los cubanos, intervienen múltiples factores, desde la marca y vitola, la forma en que se corta, se enciende e incluso cómo se fuma, todos los cuales son decisivos a la hora de apreciar un buen puro.

Es fundamental saber maridarlo correctamente con una comida y bebida, para lo cual existe una amplia gama de vitolas y es decisivo el gusto de cada cual, aunque es siempre recomendable consultar el parecido de un sommelier, experto en estas cuestiones.

La vista es fundamental para escoger la vitola adecuada. Debe agradarnos su color, ya sea claro, maduro u oscuro. No importa el que nos guste. Pero eso sí, el color debe ser uniforme en todo el puro y la hoja de la capa debe tener cierto brillo.

No se asuste si ve en un Habano manchas blancas o verdes. Son efectos naturales, puntos de belleza, que aparecieron en los procesos de crecimiento o curación. Ellas no afectan su calidad.

Una vez escogido con la vista, el tacto empieza a guiarnos en la elección del Ha-bano. Para eso lo mejor es palparlo suavemente para verificar su estado. No debe estar duro, pero sí ser firme.

Ya en sus manos, no se apure en prenderlo. Primero debe embriagarse con su olor. No aspire fuerte como si quisiera llenarse los pulmones. El Habano es una criatura delicada, y por ende revela poco a poco su aroma.

Además, debe tenerse muy en cuenta el tiempo de que dispone. Mientras más larga o gruesa sea la tripa, más larga será la duración de la degustación, que debe hacerse hasta el final, pues es una pena abandonar a un Habano antes de que revele todos sus secretos.

Antes de prenderlo, un paso muy importante es el corte. Este debe hacerse justo encima de la línea donde el gorro se une a la capa. Ni muy grande, ni muy estrecho, solo el suficiente para asegurar un tiro adecuado y evitar que la capa se desprenda. ¡Ah! Y evite el corte en forma de V, que tienden a romper el gorro.

Utilice una guillotina de una o dos hojas, alguna de las tijeras especiales para puros o un cortador de troquel con cuchilla circular. Nunca perfore la tapa con fósforo o un palillo de dientes, ya que se comprime la tripa formando un nudo que puede impedir el correcto tiro del puro.

No se inquiete por retirar la anilla, porque puede dañarse la capa. Si la quiere de recuerdo, espere a que el Habano muera entre sus manos.

Encenderlo es también todo un ritual, donde lo decisivo es usar una llama inodora, para evitar que otros olores se impregnen al puro, por lo cual se recomienda un encendedor de gas butano, un fósforo de madera o una lámina de cedro.

Un buen encendido lleva tiempo. Debe mantenerse la boquilla a noventa grados de la llama haciéndola girar hasta que la superficie queme uniformemente, y solo luego colocar el Habano entre los labios, para aspirar suavemente mientras se mantiene la llama a un centímetro de la boquilla.

A partir de ese momento, ya estará listo para ir desvistiendo los secretos de la vitola escogida, siempre aspirando suavemente, para percibir los sutiles sabores y aromas de la ligada del Habano.

Como a un personaje de gran alcurnia, así debe tratarse a un buen puro. No sacuda la ceniza, espera a que caiga por sí sola. Fúmelo solo hasta las tres cuartas partes de su tamaño.

Y al final, no lo aplaste para apagarlo, solo déjelo descansar sobre un cenicero, para que muera con dignidad.

Fuente: Excelencias Gourmet- Ernesto Montero



Nadie asegura con certeza cuándo se comenzó a cultivar la planta del tabaco, aunque se sabe que fueron los pueblos aborígenes del continente americano quienes primero lo cultivaron y fumaron, si bien no fue hasta el trascendental viaje de Cristóbal Colón en 1492 que el mundo conoció de este producto.

Cuando en los albores del siglo XVI llegó a Europa la prodigiosa hoja del tabaco, llevada por el señor Jean Nicot, quien fuera embajador del Rey de Francia en Portugal, y este le obsequió a la Reina Catalina un poco de polvo de tabaco, que uso la monarca para aliviar sus jaquecas, comenzaba el primer escalón de la evolución del uso del tabaco, entonces utilizado como medicina.
Fue tal la popularidad de este empírico médico que a la planta de tabaco se le da el nombre de “Nicotiana tabacun”. Ya para entonces las formas de consumo del tabaco incluían el famoso y codiciado rapé, que los aborígenes le atribuían efectos alucinógenos, y del cual los europeos fueron altos consumidores, destacando entre ellos al emperador Napoleón Bonaparte.
También estaban los que gustaban masticarlo, aquellos que cargaban de picadura las legendarias y maravillosas pipas, o quienes preferían fumarlo responsablemente y en forma de puros, pues la industria del cigarrillo es también hija de la industria del puro.
Para gusto se han hecho los colores y para fumadores los habanos. Este podría ser el slogan de alguna campaña publicitaria. Detrás de esta idea se esconden amplias interrogantes. ¿Qué fumamos hoy? ¿Qué fumaremos mañana?
Hoy Habanos cuenta con una impresionante nómina de más de ochenta vitolas diferentes (solo de tripa larga); algunas muy repetidas de marca en marca y otras casi a punto de extinción.
No obstante, el gusto de los fumadores ha evolucionado no tanto en sabores como en formatos.
Tal pareciera que la época de oro de las coronas ya es un tanto “onda retro”, aunque algunas de ellas siguen teniendo aceptaciones, fundamentalmente las coronas, las marevas, las coronas grandes, los Lonsdales o Cervantes y las elegantes Dalias.
Igualmente se mantienen en la preferencia de los fumadores algunas de menor cepo pero igual calibre medio como es el caso de las cremas, destacando el tubo no. 1 de Romeo y Julieta; o las perlas, tan apropiadas para fumadas de poco tiempo en un bar, antes de una cena o para personas no conocedoras que nos interesa iniciar en este apasionante mundo.
En esta evolución modernista son, sin duda, los calibres gruesos los que mayor desarrollo y nuevas vitolas aportan. Tal es así, que la era de los robustos pareciera estar dando paso a lo que podría llamarse los súper robustos, o quién sabe si tuviéramos que incluir una nueva nomenclatura de calibres extra gruesos.
Los calibres superiores a un cepo 52 se imponen cada día con una fuerza mayor y lo que hace algunos años se creía incómodo fumar, hoy se ha convertido en moda y ha demostrado que un cepo 54, 55, e incluso 56, posibilitan una fumada excelente, y permite a los maestros ligadores, crear un balance maravilloso en la configuración de la ligada, con un efecto potenciador en combinar y armonizar mejor tanto el sabor, como el aroma y la combustibilidad, propiciando una bocanada fresca y muy placentera.
Este podría ser un efecto positivo de la crisis. Tal vez ha sido una salida inteligente para utilizar la materia prima que excede de la disminución de la producción en unidades. Cualquiera que haya sido la causa, muchos les estamos agradecidos a los resultados.
Lo cierto es que los calibres gruesos hoy se imponen, y eso nos hace preguntarnos si algún día llegaremos a fumar un cepo 60...El tiempo nos dirá la respuesta.



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