Debo comenzar este artículo dejando claro que comprendo la crisis de personal a nivel laboral que atraviesa nuestro país. Ser un empresario de la restauración no es nada fácil. Comer es un placer, un ritual para muchas culturas y como prestadores de servicios debemos asegurarnos de poder satisfacer plenamente a nuestra clientela. ¿Qué ocurre cuando queremos brindar una oferta de alto nivel y nos dirigimos a un universo de clientes exigentes? ¿Está nuestro personal preparado para afrontar esas exigencias? Me he visto en la penosa necesidad de explicarles a mesoneros como servir un vino, como desarrollar ese ritual que comprende botellas, corchos, sentidos y placeres.

Describo aquello como penoso puesto que ha sido en lugares donde la botella cuesta lo que la caja entera. Merecemos los clientes servicio de calidad? Si, siempre. Muchos empresarios me replican: “No puedo invertir en el personal porque se marchan pronto”. Mi respuesta: “Es tu culpa”. Dos son los elementos, buscar el personal adecuado a la altura de nuestra oferta y por otra parte, retribuirle con un paquete atractivo que le incentive a despertar cada día y dar lo mejor de sí por sus clientes, tus clientes, tu empresa. Es un espiral que actualmente parece no estar girando bien, en alguna parte existe una fuga y debemos tomar conciencia de ello. Venezuela se aproxima a una crisis inminente en Calidad de Servicio, Atención al Cliente y gerencia en general. 

En corto plazo volveremos a ver esas conferencias que nos preparaban para un futuro en el cual debíamos sembrar el petróleo pero que no lo hicimos y ya la medicina no será preventiva sino curativa. Debemos acostar en camilla al moribundo cuerpo de la CALIDAD y hacer todo lo posible por apoderarnos de él y reflejarlo a diario en nuestras labores. Ese es sin duda alguna el único camino para construir una Venezuela que se pueda describir con dos de las mejores palabras del mundo: Primera Clase. 

...Así pienso
Gianfranco Colaberardino

Se ha visto usted en la necesidad de comer en una feria de un centro comercial, sepa que lo siento, lo acompaño en su sentimiento. 

Cada día el tiempo alcanza menos, todo va muy rápido y nuestro momento de comida debería ser nuestro paréntesis para aislarnos y dar descanso a la mente bien sea en compañía o en solitario. Pero, qué ocurre cuando la única opción es terminar en una feria de comida? Es una grata experiencia repleta de sabores, aromas, brasas ardientes, sartenes rebosantes, niños corriendo, mesas sucias, colas interminables, gente gritando y demás elementos que hacen “especial” nuestro momento de comida. Parece que estos lugares fueran tierra de nadie. Conseguir una mesa es un reto a la velocidad puesto que todas se encuentran ocupadas con personas conversando, pero no se preocupe, si usted necesita comer, ud puede esperar. 

Lo positivo: allí se hayan propuestas de distintos países. Comida italiana hecha por colombianos, arepas de manos portuguesas, sándwiches americanos preparados por universitarios y comida china, esta sí, preparada exclusivamente por orientales. Definir las ferias de comida de los centros comerciales es fácil, una total Anarquía. Existen reglas: nunca retirar la bandeja de la mesa, dejar esta lo más sucia posible, y tener presente que pueden funcionar como oficina, centro de estudio o como área de descanso para los catorce integrantes de su familia aun cuando ninguno consuma nada. 

Me gustan esas áreas relativamente exclusiva frente a cada local que se enmarcan y donde los clientes pueden confiar en tener acceso a una mesa y no agregar la incertidumbre a su alimento como ingrediente extra. Lo importante es saber convivir, tener conciencia ciudadana y conducirnos correctamente en los espacios públicos sabiendo que son de todos y debemos cuidarlos. Ahora si me despido de ustedes, debo irme a cuidar la mesa. Hasta la próxima. 

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Gianfranco Colaberardino






Comer es una Experiencia

Quizá alguna vez te has visto con tiempo de sobra y te preguntas ¿Dónde puedo ir? En ese
momento, recuerdas la casa de una amiga, un familiar,etc. Es la experiencia vivida lo que nos
deja un buen o un mal sabor de boca. El ejemplo aplica directamente para la Experiencia de
Compra que muchos lugares manejan al momento de establecer sus estándares de calidad. Cada
establecimiento, bien sea un auto mercado, una librería o una tintorería, debe establecer sus
parámetros según su público, ubicación, tipo de oferta. Pero ¿Qué ocurre con los restaurantes?
¿Están los empresarios venezolanos verdaderamente comprometidos en ofrecernos una
Experiencia de Compra positiva a todos los comensales que optamos por su negocio para invertir
nuestro tiempo y dinero?

La experiencia de compra de un restaurante se basa en muchos pilares, todos esenciales.
Partiendo de la comodidad o lujo de sus instalaciones, la atención de sus meseros, el servicio de
mesa, la calidad y frescura de la comida, y, aspectos que podrían ser considerados de “segundo
plano” como la temperatura del aire, volumen del hilo musical, los sonidos provenientes del
área de servicio, intensidad de la iluminación y muchos otros. Si nos detenemos en este punto,
los más conservadores dirían que no hay que llegar tan lejos, pero el público venezolano debe
acostumbrarse a la calidad y aún más cuando está pagando por ella.

No son pocos los establecimientos que hacen caso omiso de estos “segundos planos” y entran
en la categoría que yo determino como RFP (Restaurantes con Falsas Pretensiones). Y son
aquellos que lo mejor que ofrecen no está en el sabor de sus platos sino en su decoración, o los
que sirven comida “rápida” a precio de Estrella Michellin. Tal vez en esas casas el cuchillo sea
de palo pero los empresarios deberían ponerse en los zapatos de sus comensales y sopesar las
fortalezas y bondades que ofrecen. Por otro lado y reconociendo la crisis de personal inminente
en nuestro país, volver a la época de la capacitación continua y fortalecimiento de los valores
corporativos seria lo que nos ayudaría a transformar nuestras fallas en beneficios. La Experiencia
de Compra debe ir de la mano de todos los factores que comprenden un buen momento para
poner los pies bajo la mesa. Los restaurantes merecen ser recordados con afecto como la casa de
un amigo, con el sabor de la cocina de la abuela y con la atención del hogar materno. La relación
precio valor debe ser honesta y además ajustada al momento que vive el país. Ofrezcamos
Experiencia de Compra positiva y mantengamos clientes fieles y prestos a recomendarnos; sólo
así construiremos una industria alimenticia firme y sólida.

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Gianfranco Colaberardino









La canción dice: "Todo el mundo cabe en el teléfono". Pero... ¿Qué ocurre cuando el aparato comunicador debe ponerse EN ESPERA? Muchos hemos sido víctimas del flagelo de la atención interrumpida de manos de una recepcionista, secretaria(o) o la persona encargada de dar indicaciones. El ejemplo es fácil: Usted llega a un mostrador, da “Buen día” y nadie responde, con su vista busca la atención de alguien y no hay retorno, usa un cordial “Por favor”, y nada, todo el mundo pegado al teléfono. Cuando al fin alguien se digna a percatarse de su existencia, por supuesto, suena otro timbre y no queda otro camino que seguir allí inadvertido, transparente, inexistente. Las personas encargadas de la atención al público deben comprender la máxima de las relaciones interpersonales: Nunca la persona tras el teléfono es más importante que quien tienes frente a ti. No importa si el llamante es el dueño de la empresa, tu visitante se tomó la molestia de venir, llegar, entrar y estar frente a ti ansioso de una respuesta. Esa otra persona que solo usa la tecnología puede esperar, debe esperar. Esta situación se repite a diario a todos los niveles, pero quizá cobre mayor intensidad en las dependencias gubernamentales por el nivel de desorganización y desinterés de parte de los prestadores de servicio. Ojo no es algo exclusivo de los entes públicos, en innumerables oficinas privadas hemos gastado la vida esperando la misericordia de algún(a) recepcionista que conversa tendidamente acerca de compras por catálogos, la fiesta de la noche anterior o las pompis de Chiquinquirá Delgado ante la mirada incisiva de algún visitante que luego de largos minutos, con sobradas razones, pierde la cortesía mucho antes que la paciencia. Como prestadores de servicio debemos aprender a ponernos en los pies de los demás, recrear la vista del otro lado del mostrador y más que nada valorar y respetar el tiempo ajeno como si fuese el propio. La calidad de nuestro desempeño y el éxito de las organizaciones se basa en detalles que machando al unísono construyen solidas relaciones tanto cuerpo a cuerpo como a distancia. Mantengamos alejado un poco más el auricular y con una gran sonrisa digamos: Bienvenido, feliz día. ¿En qué puedo ayudarle?


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Gianfranco Colaberardino 
Si has esperado en mesa una eternidad para que algún mesonero tenga la bondad de atenderte, pues bienvenido al club. No sé si es un virus que se extiende a la velocidad de la luz pero en todo el país estamos disfrutando de la peor atención en mesa de todos los tiempos. La relación entre empresario-trabajador-cliente tiene espejos que reflejan desde todo punto de vista. Una desavenencia entre patrono y empleado tiene consecuencia directa sobre los visitantes de cualquier establecimiento. La recluta y manejo de personal no es tarea fácil pero existen numerosas técnicas de gerencia para hacer que los trabajadores aumenten su rendimiento y con ello la productividad. En un restaurant por ejemplo se debe aplicar la imagen corporativa desde adentro haciendo sentir al personal, en su totalidad, parte fundamental de la empresa. En este tipo de establecimientos suele ser Cocina quienes se roban los halagos cuando todo funciona bien, pero qué hay para el servicio en mesa? Si no existe sentido de pertenencia de parte de los mesoneros, si ellos no se sienten parte de la empresa, dueños de su espacio no podrán lucirse y hacer sentir a los comensales como reyes. En un ejercicio de observación los mesoneros son el primer contacto entre el cliente y el local. Son ellos quienes dan la bienvenida, quienes ofrecen los productos y quienes dicen la última frase ante la salida de los clientes. El mesonero es muchas veces el corazón en la calidad de servicio. Pero hoy día es calidad está mermada, débil. Ser mesonero es una profesión, y en muchos países muy bien pagada. Esa deficiencia en el servicio que enfrentan los restaurantes locales quizá sea dada por factores económicos o inestabilidad laboral, pero definitivamente es un objeto de estudio y rescate. Debemos poner lupa ante este tópico y mostrarles a todos que a un restaurant se viene por la comida y se regresa por la atención. A seguir trabajando por una industria fuerte y responsable.

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Gianfranco Colaberardino